Revista de Crítica ISSN 2954-4904
Cine


Chloé Zhao, Hamnet, Reino Unido, 2025.


A veces es difícil saber por qué el público conecta con una historia. ¿Qué puede ser lo que hace que se haya despertado una auténtica devoción por Hamnet? Desentrañar este enigma no es fácil. La novela de Maggie O’Farrell se convirtió en un fenómeno literario desde su aparición en 2020; por lo tanto, no es de extrañar que pronto se convirtiese en una película.

¿Qué secretos esconde Hamnet? Por qué ha conectado con tantos lectores y ahora con espectadores en la sala de cine. Su autora, O’Farrell, también ha estado detrás del guion junto a la directora Chloé Zhao, así que también las decisiones tomadas para convertir ese material literario en lenguaje cinematográfico dejan hilos interesantes para analizar y entender cuál es la tecla que se ha pulsado.

Maggie O’Farrell partió para componer su historia de algunos de los pocos acontecimientos que se saben de la vida del dramaturgo William Shakespeare. Con su esposa Anne Hathaway tuvo tres hijos: Susanna y los mellizos Judith y Hamnet. Este último murió a los once años y no se documentó la causa.

La autora juega con que los nombres de Hamnet y Hamlet se usaban indistintamente en el siglo XVI en Inglaterra. Y también con un aspecto que le llamó la atención en la extensa obra del bardo: nunca se menciona la peste explícitamente ni su presencia es protagonista absoluta de alguno de sus argumentos, cuando el impacto de la peste en la época del dramaturgo era de considerable importancia como para poder evitarla entre tantas páginas.

A partir de esos dos hechos, especula sobre la muerte del pequeño por la peste y cómo afecta a la familia del dramaturgo, además de mostrar que una de las obras más conocidas del bardo, Hamlet, nació a partir de tan traumático acontecimiento. O’Farrell habla de cómo la escritura de esta pieza y su puesta en escena en el escenario supone una catarsis para el matrimonio, una manera de superar el duelo por la muerte del hijo.

Hay varias buenas decisiones a la hora de contar la historia por parte de O’Farrell que van dando lógica al funcionamiento del proceso narrativo. Por una parte, se centra en un acontecimiento íntimo, personal y doloroso. William Shakespeare se supone que estaba en Londres cuando ocurrió la tragedia, pues estaba convirtiéndose en uno de los dramaturgos más famosos del mundo. Quien estaba al cuidado de los niños en su ciudad natal, Stratford, era su esposa Anne.

Por tanto, ¿cómo era la esposa de Shakespeare? ¿Cuál fue su historia en común? ¿Cómo vivieron la muerte de Hamnet? En el centro del libro está la mujer de Will, que recibe en la ficción el nombre de Agnes (parece ser que así la nombraba su padre en el testamento), y la creación de Hamlet se presenta como catalizador para superar el duelo del hijo. Y en la película todo lo anterior se mantiene.

Así que el libro y la película hablan de un tema que todos alguna vez padecemos o experimentamos: la muerte de un ser querido en la familia, cómo afecta, el duelo y las maneras de superarlo. En este caso, trata sobre el arte como herramienta para superar el trauma. Por otro lado, se centra también en la creación de una obra literaria de fama universal como es Hamlet. E indaga y lanza un retrato sobre la mujer de Shakespeare muy diferente al que se ha dado habitualmente, pues se ha menospreciado su figura o que supuso un lastre en la vida del creador.

¿Cómo se refleja esta historia en el libro y cómo se traslada a la película? La estructura de la novela no es cronológica, sino que va contando en paralelo la tragedia que se avecina con la vida de Agnes y Will desde que se conocen y los distintos acontecimientos que van dibujando su matrimonio. Después, una vez el pequeño fallece, se va narrando entonces cómo la ausencia afecta a cada uno de los miembros de la familia hasta la catarsis final.

Por otra parte, Maggie O’Farrell tiene una manera peculiar de narrar que envuelve al lector, además de recuperar como técnica el arte de la descripción de los paisajes, de los olores, de la Naturaleza, los sonidos, las miradas, los personajes y un lenguaje rico y poético que consigue momentos magistrales como la descripción de una serie de acontecimientos mínimos y fortuitos al otro lado del mundo que hacen que la peste viaje hasta Inglaterra y llegue hasta el hogar de Hamnet. Así como la construcción de un personaje femenino atractivo totalmente conectado con la Naturaleza y extremadamente independiente, con una sensibilidad especial que le hace saber “leer” a las personas con tan solo tocarlas y que tiene conocimientos por herencia materna sobre las plantas del bosque para elaborar distintos remedios.

¿Cómo pasar ese universo de las páginas de Hamnet a las imágenes en movimiento de Chloé Zhao? La autora y la directora toman varias decisiones en el proceso creativo de la película que funcionan a la perfección y atrapan también a los espectadores. Curiosamente en el largometraje lo más efectivo para contar la historia y lograr emocionar en su última secuencia es el relato cinematográfico clásico: planteamiento, nudo y el desenlace. La historia se cuenta en orden cronológico con tres puntos álgidos: la boda de Agnes y Will, la muerte de Hamnet y la catarsis final en el teatro.

Uno de los buenos aciertos es confiar los papeles de Hamnet, el hijo que muere, y del joven actor que se convierte en Hamlet en el escenario a unos intérpretes que en la vida real son hermanos (Jacobi y Noah Jupe). Aunque no se sepa este dato es increíble la emoción y el hilo que subyace en esta decisión. Es algo que se palpa, se siente esa conexión especial entre ambos personajes.

Por otro lado, la directora juega con los colores, sobre todo ese contraste precioso de los tonos verdes y marrones del bosque con el rojo salvaje del vestuario de Agnes. Chloé Zhao no pierde de vista la conexión del personaje con la Naturaleza y deja momentos sorprendentemente hermosos como los partos de sus hijos. La realizadora busca otros caminos para dejar constancia de ese halo poético que se escapa entre las páginas y en vez de ese minucioso relato de cómo la peste llega a Inglaterra, convierte ese viaje en un teatro de sombras que en unos segundos representa lo ocurrido ante los ojos de Shakespeare, como llamada o premonición de la tragedia. Poesía, ritmo y musicalidad que también aporta una banda sonora del compositor Max Richter, que en un momento culminante deja que suene una partitura ya creada por él y muy conocida, que ha aparecido en otras películas y series, pero que tiene un alto componente emocional que funciona, On the Nature of Daylight.

Una de las decisiones que quizá ha suscitado más comentarios y controversia ha sido que en la película el personaje de William Shakesperare no solo tiene más relevancia que en la novela, sino que también se cuenta con su punto de vista y además se le nombra, algo que evita siempre el libro. En la novela, todo lector sabe que aquel que no se nombra es el bardo, pero el recurso funciona. Chloé Zhao y Maggie O’Farrell toman la decisión de convertirle en un personaje secundario potente y con presencia, sin quitar el protagonismo de Agnes, pero potenciando que la manera que tienen de vivir cada uno el duelo puede suponer la ruptura definitiva del vínculo. Además, en el largometraje también se cuida a dos personajes secundarios que ya en papel funcionaban y, aunque su presencia es mínima, cumplen su función, pues dibujan y complementan a los protagonistas: el hermano de Agnes y la madre de William Shakespeare.

Por último, todo el relato cinematográfico se sostiene con la bellísima resolución final, quizá de manera más poderosa que en el libro, y con la catarsis colectiva que se provoca en la última secuencia y que transcurre en el escenario con Agnes como espectadora en primera fila. Todos nos convertimos, como el público ahí presente, en la protagonista y entendemos el dolor de la ausencia, así como somos testigos del momento en que ese matrimonio deja marchar al hijo, gracias a ese príncipe danés llamado Hamlet, que vuelve a fallecer en el escenario permitiendo lo inevitable y gestando una hermosa despedida a través del arte.

Es importante valorar Hamnet no solo como fenómeno literario, sino como una historia bien escrita que toca importantes teclas que conectan con los lectores. Y entender que el cine siempre ha actuado igual desde su mismo nacimiento y ha aprovechado los éxitos literarios para buscar la manera de adaptarlos cinematográficamente para atrapar espectadores, porque se alimenta de buenas historias que contar en una sala oscura.

No hay que dejarse llevar por un marketing exagerado o una publicidad con palabras rimbombantes que enseguida encumbra las obras creativas como si se les fuera la vida en ello. Lo difícil es analizar todo en su justa medida. Ni es la mejor novela de todos los tiempos ni la película es lo más increíble y emocionante que nunca se ha hecho. Solo hay que tener en cuenta que Maggie O’Farrell ha sabido contar una buena historia y Chloé Zhao ha sabido dirigir una bella película, con una estructura clásica, alcanzando una emocionante catarsis final. Y no es poco. En el caso de Hamnet el corazón que contiene esas páginas se ha sabido mantener en los fotogramas.

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