Revista de Crítica ISSN 2954-4904
Literatura


Weselina Gacinska, Las aves y las letras. Los personajes alados de la literatura universal, Eirene Editorial, Madrid, 2024, 200 pp.


Weselina Gacinska, de origen polaco, es profesora de literatura y educación ambiental en la Ciudad de México. Su recorrido es primordialmente académico, lo que se puede apreciar en las páginas de Las aves y las letras, obra culmen de una cuidada y meticulosa investigación que reúne, además de diversos géneros literarios, tradiciones provenientes de distintos lugares del mundo. Se trata un ensayo dividido en especies de pájaros: valiéndose de un tono metafórico y casi onírico, la autora busca dilucidar el rol de estos animales en la literatura universal. Gacinska se pregunta no solo por qué las aves aparecen de manera reiterativa en la literatura, sino “para qué sirven los pájaros”. Esta pregunta nos lleva a reflexionar sobre cómo incide la naturaleza en nuestra manera de comprender el mundo. Los pájaros se encuentran por doquier y adquieren todo tipo de formas, tamaños y colores: Gacinska nos habla de pequeños colibríes coloridos, de cuervos negros, de loros parlanchines, de adorables pingüinos y de albatros que surcan los cielos, y todos ellos aparecen en numerosas obras literarias. En sus palabras: “La literatura, llena de aves, puede ser otro peldaño para alcanzar esta comprensión, mostrando las diversas maneras en que los pájaros han sido utilizados —con fines alegóricos, simbólicos, cotidianos, etc.—, mencionados, observados y a veces convertidos en protagonistas”.

Con respecto a la ya mencionada “función” de los pájaros, esta puede interpretarse de manera práctica —los marinos, por ejemplo, han usado a las aves como guías desde tiempos inmemoriales—, pero también de manera simbólica, como Gacinska pone de relieve. La autora escribe sobre la popularidad de los loros, quienes por su inteligencia eran considerados las mascotas preferidas de los aristócratas, pero también compañeros de viaje en las novelas de piratería, en las que actuaban como un miembro más de la tripulación, dando pie al imaginario pirata que prevalece hasta nuestros días. Los loros, más que un personaje ornamental, eran coprotagonistas que poseían, por su animalidad, una serie de atributos que los volvía invulnerables.

Una de las especies que aparece con mayor frecuencia en el libro es el cuervo. Cuando hablamos de literatura y de pájaros es inevitable pensar en el cuervo de Edgar Allan Poe, y si bien este es uno de los cuervos fundamentales de la tradición literaria, Gacinska pone en evidencia que no es el único. A través de un trabajo que reúne poesía, mitología y literatura, el cuervo se nos revela como una entidad que une dos mundos, ya sea el de los vivos con el de los muertos, o un mundo anterior, primigenio, en el que los animales poseían la capacidad de comunicarse, con el mundo actual, marcado por diferencias biológicas que nos separan de ellos y de sus realidades internas. El cuervo, por su cualidad carroñera, es el mensajero de la muerte, pero también un sabio que nos remite a otras dimensiones. La autora da cuenta de la relación simbólica entre los loros y los cuervos; por su agudeza y su capacidad oratoria, son aves misteriosas y parlanchinas que viven y persisten en la cotidianidad de muchas culturas. El cuervo, entonces, “se halla al borde del reino animal y de lo humano”, como creador y destructor a la vez. El cuervo es, en sus numerosas apariciones literarias, un símbolo de dualidad.

La autora menciona a varios poetas latinoamericanos —entre ellos, a Neruda— cuando se refiere al pingüino, esa extraña pero entrañable ave marina que, a diferencia de la mayoría de los pájaros, no puede volar. Por su torpeza en tierra, los pingüinos fueron ampliamente cazados por marineros que querían hacerse con su grasa, proceso harto violento, ya que se requería de varias aves para generar un solo litro de aceite. Se le consideraba un ave débil y, sin embargo, Pablo Neruda lo asocia con los recuerdos de su infancia junto al mar y con la inocencia y delicadeza de la juventud, otorgándole dignidad poética al ave incomprendida. Su cuerpo es capaz de soportar temperaturas gélidas con gracia y además se le tenía por un excelente pescador, lo cual se evidencia en su obra Arte de pájaros.

El libro nos transporta también a altamar, donde la curiosa figura del albatros se hace presente. El albatros es un ave marina que no suele verse cerca de la costa y que se caracteriza por su enorme tamaño; con las alas abiertas puede llegar a medir hasta tres metros de largo. Cuando pensamos en el albatros en la literatura se nos viene a la memoria el consabido poema de Baudelaire, en el que se compara al ave con la figura del poeta.  El albatros que vuela sobre el mar es majestuoso; es casi un animal mitológico que, además, es visto por los marineros como un símbolo de buena fortuna, aunque en tierra es torpe y se mueve de forma penosa. Para Baudelaire representaba al poeta, quien, al momento de crear, engendra belleza, pero cuando se encuentra fuera de sí mismo no parece encajar en la sociedad. Esta ave, dicho sea de paso, forma también parte de la obra de Neruda. Para el autor, es una alegoría de Chile, y así lo reafirma Gacinska: “el albatros es, en definitiva, Chile: vasto, solitario y sacudido por la sal y el océano”.

Las aves y las letras es un libro ágil y está colmado de citas poéticas que ilustran las apariciones de las aves en la literatura. Para quienes aman la naturaleza, es una reafirmación de su relevancia; para quienes la desconocen, es una invitación a observarnos a nosotros mismos dentro de la animalidad: nos servimos de lo que los pájaros nos aportan para poder escribir, porque en el fondo no somos muy diferentes a ellos. Las aves tienen mucho que enseñarnos, y es por eso que su dimensión simbólica es el lugar idóneo para reflexionar sobre la condición humana.

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